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Carolina Levy

RAPSODIA


Carolina, ¿qué coleccionas?; ¿la fluidez del pasar de la vida en movimiento de anémona?, ¿paisajes sensoriales para que los ciegos puedan mirar?, ¿colores nostálgicos que se llevó tu juventud en hilos y hebras?
La sensualidad que proyecta tu obra es cautivadora ¿Quién se puede resistir a unos suaves holanes o al tacto de unos tentáculos marinos? ¡Te has metido a fondo!
Tu pintura vibra, es exaltante, es como coleccionar fenomenología de Hegel; es decir: "La evolución del discurso de la consciencia humana".
Cada uno de tus rectángulos son partículas nuevas que participan de otros universos y habitan otros mundos; son el pasar de época o de sustancia; con ellos afloran los sentidos.
Son espacios intangibles, insospechados, que sólo existen si vas a los cimientos y se vive su continua reconstrucción. Observemos cómo el erizo sólo espina estando en tierra, o, los propios corales, que se suavizan con el movimiento del agua. Hay que dejar que nos sorprenda nuevamente la textura que imprimen los rayos del sol sobre la piel, o, la magia que emiten los múltiples tintes de los iris al cambiar de reflejo. No hay que intelectualizar tanto, la naturaleza está frente a nosotros, podemos oxigenarnos junto a ella y profundizar.
En algunos versos Homéricos, descubro temas correspondientes a tu obra; en el octavo, doceavo y veintiunavo, aparecen estos nombres: Batalla interrumpida, Combate en la muralla y Batalla junto al río. Finalmente, creo que el naufragar, también es combatir!
Por último, quisiera recordar la importancia y la exigencia que los dioses griegos le imponía al destino porque "Impulsa también la historia. No determina que ocurra una acción; sino un resultado".
Con esto dicho y volviendo a tu pintura, creo que aquí se concluye el encuentro con tu feminidad, espejo de tinta soluble en agua.

Mara Sepúlveda
Septiembre del 2015