Laura Leal
DUALIDAD Y EQUILIBRIO EN LA ESCULTURA DE LAURA LEAL
Por Dra. Lily Kassner, Noviembre del 2008.
Por su múltiple y variada producción, la utilización de materiales que abundan en la región de su domicilio, algunos de los cuales son inéditos en el oficio escultórico y, sobre todo por la perfección formal de su factura, Laura Leal ocupa un lugar preponderante en el arte tridimensional de nuestros días en México.
Hay que hacer notar en su labor, aparte de las brillantes cualidades estéticas que le son inherentes, las cuales se insertan en un abstraccionismo orgánico de original concepción, la búsqueda de maderas, raíces, troncos y ramas casi siempre de barroca conformación, especie de objet trouvé, que sustenta la creación de piezas a las que añade e integra, con notable tino, escorzos que parecerían continuar o concluir la traza de origen, realizando así estimables expresiones artísticas, en las cuales ofrece un difícil y ambiguo equilibrio entre la levedad vegetal y la pesadez mineral.
Ahora, según nos ha confiado, tiene planeado para sus futuras creaciones la incorporación de otros materiales de la rica cantera mexicana, como el mármol, ónix y jade, entre otros.
Es necesario destacar otro rasgo original de la artista regiomontana que, a la manera de Constantin Brancusi, también realiza el sólido o la base en que expone sus esculturas, integrando de esta forma una sola creación con ambas tallas directas, las que así reunidas parecerían llevar a cabo un armonioso diálogo de materias primas que acentúa su afinidad o enfatiza su contraste.
LAURA LEAL
Por Guillermo Sepúlveda, Marzo del 2009
Desde hace años he seguido con interés la evolución de su obra hasta su última producción. Sus formas en el tiempo han definido un lenguaje de una manera que sorprende por su rigor, madurez y capacidad de riesgo. El entendimiento de los diferentes materiales y el dominio sobre los mismos, logrado tras periodos de arduos ensayos y experimentos, le han permitido incursionar con seguridad y elegir el medio adecuado para cada uno de sus proyectos. Piedras (mármoles, granitos, alabastros) como soporte ideal, son clasificadas con acierto por su cualidad específica (color, dureza, texturas y tamaño). Las maderas (mezquites, caobas, cedros...etc.) como objetos encontrados, son localizadas mediante una exploración y búsqueda exhaustiva en sus sitios de origen y seleccionados con la visión de la artista por sus sugerentes formas, posteriormente son acarreadas al taller para un análisis detallado sobre el estado de conservación, las formas rescatables y su posible intervención. Su taller, con limitaciones menores, cuenta con toda la herramienta y la tecnología necesaria para lograr los diferentes procesos.
La intervención de la artista en forma directa sobre los materiales permite la más alta fidelidad del registro emocional logrado a través de su búsqueda y sus encuentros dentro del proceso de creación. El acabado en cada un de sus obras exige un pulido al límite, respetando la apariencia natural de los materiales, así como un recubrimiento especifico para la protección necesaria contra su deterioro.
La diversidad de soluciones en cada uno de los ángulos de sus esculturas permite que estas obras logren unidad y equilibrio. Reforzando esto mismo al crear bases donde éstas reposan, más que como complemento, como un soporte ideal. Formas orgánicas, táctiles, semi/abstractas, metamorfosis de sensualidad, erotismo y espiritualidad, atrapan la atención del espectador con sus múltiples y sugestivos ritmos curvilíneos. Una especie de drama psicosexual es encarnado en cada composición y transformación de los objetos (madera/mármol), una poética o asociación irracional revelada.
ESBOZO DE UNA ESCISION
Por Minerva Margarita Villarreal
¿Lozanía es sinónimo de belleza o una manera de ofrecerse de la sensualidad? ¿Puede esconder la lozanía el brote oscuro? ¿Puede invadir un cáncer su altivez? ¿Puede la sensualidad vivir enferma? Porque hay brotes enfermos, barullos que arremeten la muerte sigilosamente, en secreto, horadando de pared a pared, circulando por todo el hemisferio de la savia. Tumoraciones que perforan la carne de una madera tersa como una fruta que antes se ofreciera para ser tocada.
Así desgaja Laura Leal la materia de sus ocupaciones, empeñándose desde un elemento que por muy piedra que sea, por muy mármol que sea, es vano si sólo lo indagamos en apariencia.
Pero hay que empezar por este engaño. Hay que dejarse vivir de tal manera que los efectos del mal de golpe hieran. Entonces la muestra evoluciona. Del alabastro, que se abstrae en su pureza, se recoge para desplegarse desde un centro que lo contiene, se lanza en su inocencia para proseguir la fuerza de una bocanada del infierno que insiste en hollar, en rasgar la base, el contenido de una unión hasta sangrarla. Por eso entramos en un bosque dividido. Sabinos entre álamos. A corazón abierto está el mezquite, la madera herida por una honda cuya piedra es el fuego. Ónix de fuego: emanación que antes ha estremecido la fronda, los labios inmensos de una madera que se abre, entre el deseo y su negación. Acorazado en su herramienta silenciosa, su maquinaria ciega para decir que sí, que siempre, piel sobre piel, cuerpo a cuerpo, en sí, en el colmo de la perseverancia de una entrega que no conoce el fin.







