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Jesús Galván

 

AURORA BOREAL

Me intriga mucho el antes y el después de la pintura de Jesús Galván. ¿Cuánto tiempo le costó para desmembrar el color y olvidarse de sus personajes monocromáticos?

            Lo anterior es olvido. Su materia se encerraba en su propio mar de un solo tono; creía  estar protegido por una especie de matriz.

            En ésta nueva etapa descubre el color, sale del confort sin miedo y se arriesga a la inmensidad del cosmos: un orden fragmentado e inquieto que se conforma matemáticamente; incierto, pero sincronizado en su propia explosividad.

            Ya no hay placentas ni peceras de cristal que ayuden a cegar los trazos, los montos de color o la imagen.

            Galván se cansó de su propia fragilidad. Dentro de su fragmentario mundo se expande al eterno cielo del orden imperfecto que todos de alguna forma lo llevamos humanamente dentro. ¿Así será la muerte, donde cada tono se manifieste en su propio ser sin interponerse con la luz del otro? Así lo esperamos, como lo es en la pintura de Jesús, donde cada tono brilla con la ayuda de los demás pero irradian en su única e irrepetible profundidad.

Mara Sepúlveda.